Y todos los reproches que te cuentan, y todo lo que te puedan echar en cara... y de pronto, paras de asentir sin ganas de defenderte y ves en todo lo malo que eres lo que te han hecho. Entonces sonríes, sonríes aliviado pero con pena. Después de una cena un 22, hubo otra cena un 23. Después de un beso un 22, hubo otro beso un 23. Después de un clímax un 22, hubo otro clímax un 23... y así hasta el infinito. El espejo no tiene memoria pero yo sí.
Sí, hay motivos para sonreir pero ahora no me apetece porque no me gustaría lo que veo.
Pero como vida sólo hay una, la vivo y sigo adelante como puedo. Con el orgullo tatuado en el alma... y también en la piel, oculto, pero en ella.
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(K)(K)
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